La piedra redonda
Esta mañana madrugué, y como al que madruga dicen que Dios le ayuda....pues a mí me ayudo a sentirme paciente al volante y poder disfrutar de una buena caravana musical. Y andaba yo a lo mío cuando sonó en la radio Manolo García. Era una canción de su segundo disco en solitario pero me recordó su grupo anterior, con el que logró la fama. El último de la fila.
Y pensando, di con esta canción. No fue single del álbum, ni es seguramente una de sus canciones más famosas, pero a mí, del disco Como la cabeza al sombrero (1988) siempre fue la que más me gustó. Y para un día como hoy, venía que ni pintada.
La canción de hoy, remedio de mi inapetente estado anímico, desliza alegrías y penas por igual. Así me siento yo. Así llevo unos días, en los que miro adelante y el sol más que deslumbrarme me dice "no te preocupes, hoy no brillo por ti". Caminando por la oscuridad del día, buscando el sosiego y el refugio de mis canciones. Como dice la canción...
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
Uuuuh!... Cuántas veces soñando despierto.
Eso, cuantas veces soñando despierto. Y cuantas veces tropezando dormido...
en directo en 1988
Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos
quizá al final de este absurdo camino.
A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
Uuuuh!... Sólo el beso de tu voz en el alma.
Uuuuh!... Y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
Uuuuh!... Cuántas veces soñando despierto.
Uuuuh!... Creo verte entre la multitud.
En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,
hasta donde nadie nos pueda encontrar

